Capítulo 2 – La primera petición
En conclusión, señalemos muy brevemente los usos que se han de hacer de esta petición. (1) Nuestros fracasos del pasado deben ser dolidos (llorados) y confesados. Debemos humillarnos a nosotros mismos por esos pecados que han estorbado la gloria manifestativa de Dios y profanado Su nombre, tales como orgullo del corazón, frialdad de celo, obstinación de voluntad, e impiedad de la vida. (2) debemos buscar ardiente y seriamente las gracias que nos permitan santificar su nombre: un mejor conocimiento de Él mismo, un incremento de temor santo en nuestros corazones, fe, esperanza, amor y adoración aumentadas; y el uso correcto de sus dones. (3) nuestros deberes deben ser fielmente practicados, que no haya nada en nuestra conducta que haga que Su nombre sea blasfemado por los incrédulos (Rom. 2:24). «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10:31).
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