Las constituciones, jueces y autoridades podrán legalizar matrimonios entre personas del mismo sexo, los curas y pastores podrán celebrar bodas entre personas del mismo sexo; todo el mundo podrá estar de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo sexo; pero DIOS nunca declarará esto como un matrimonio, pues, la Biblia es clara: Un hombre y una mujer.
Para que una persona pueda estar de acuerdo con el matrimonio entre dos personas del mismo sexo necesita negar al Dios Creador, ya sea por medio del ateísmo filosófico, práctico o moral. Nadie puede creer en el Dios verdadero y a la vez rechazar una de las instituciones más gloriosas que él dio a los seres humanos: el matrimonio entre un hombre y una mujer, para la reproducción humana, el gozo de la complementariedad y la imagen excelsa de la relación que Cristo tiene con la Iglesia.
La aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, indefectiblemente, desencadenará en la aprobación de muchos otros males que conducirán a la raza humana hacia su propia degradación y destrucción. La historia es cíclica, ella vuelve a repetirse, y lo que estamos viendo hoy no es nuevo totalmente. Ya muchas sociedades antiguas, desde los vetustos tiempos de Noé o Abraham, han legalizado esta clase de relaciones anti-naturales e improductivas.
El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo pone la aprobación y aceptación de esta clase de relaciones pecaminosas al lado de otros males destructivos: «22. Profesando ser sabios, se hicieron necios,

Un comentario
levitico 18:22. No te acostaras con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominacion.