Capítulo 4 – La Tercera petición
«Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.» Pésese esto atentamente a la luz de lo que le precede. En primer lugar, se nos enseña a orar, «Padre nuestro que estás en los cielos»; a continuación, ¿no deberíamos hacer Su voluntad? Debemos, si somos Sus hijos, ya que la desobediencia es la que caracteriza a sus enemigos. ¿Su propio Hijo querido no le rindió obediencia perfecta? Y debería deleitarnos para esforzarnos por darle la calidad de devoción a la que Él está acostumbrado en el lugar de su morada, la silla de nuestra futura dicha. En segundo lugar, dado que se nos enseña a orar, «santificado sea tu nombre», ¿una preocupación real por la gloria de Dios no nos obliga a hacer de una conformidad a su voluntad nuestra suprema búsqueda? Con certeza Debemos, si queremos honrar a Dios, porque nada le deshonra más que la voluntad propia y el desafío. En tercer lugar, ya que se nos instruye a orar, «venga tu reino», ¿no deberíamos buscar estar en pleno sometimiento a sus leyes y ordenanzas? Debemos, si estamos sujetos a las mismas, pues son sólo los rebeldes alienados quienes desprecian su cetro.
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